Por Adolfo Roberto Pérez Valdés

A la güerita Gina D. Colío.

Eventualmente, en el blog colectivo EFACICO el colega comunicador universitario, Mario Jesús Gaspar Covarrubias, brinda aportes documentales y posicionamientos válidos acerca del surgimiento histórico del asentamiento conocido como Veracruz.

La siguiente liga corresponde a su última aportación dentro del blog citado:

https://efacico.wordpress.com/2017/08/28/totalmente-falso-que-la-ciudad-de-veracruz-cumpla-500-anos-de-existencia-en-2019-concluyen-experto-del-foro-de-investigadores-sobre-historia-de-veracruz-la-antigua/

En su tarea inquisitiva, conceptualmente coincido con Mario Jesús en presupuestar como falso un evento histórico. En su caso, él desestima que Veracruz en un par de años cumpla cinco centurias de su fundación.

En mi propio proceso gnoseológico, sostengo (he aquí mi coincidencia conceptual) que el proyecto criollo de alcanzar la Independencia del imperio ibérico fue un rotundo fracaso. Y por ende, la celebración del 16 de septiembre es un evento absurdo sin sustento real.

Pero dicho festín y acto conmemorativo le sirve a la clase gobernante para perpetuar su dominio, con los instrumentos culturales propios de los criollos o españoles nacidos en América. El régimen o estado criollo, surgido de las violentas disputas con los representantes de la monarquía imperial española y el imperio eclesiástico católico, no alcanzó a ser realmente independiente.

Los criollos (ese conglomerado humano, hijos de españoles peninsulares) marginados de los altos cargos eclesiásticos, de los mayores rangos o títulos de la nobleza y también de los altos grados militares por haber nacido en América y no en Europa, se coaligaron reivindicando el acceso a esa triple jerarquía que les había sido vedada.

Su anhelo por usufructuar para sí esos rangos del poder, cristalizó en el proyecto fundacional de una monarquía separada del Imperio español. Sin embargo, su propuesta contenía la paradoja de ofrecer la corona de esta nueva monarquía a un noble, precisamente español peninsular.

Fernando VII fue su prospecto y dicho noble rechazó la oferta. La incongruente racionalidad del criollo de anhelar la independencia pero en el vasallaje ante un noble no criollo, socavó su propio proyecto. Con dicha mentalidad de servidumbre al monarca que les despreció, los criollos demostraron su mentalidad pusilánime para consumar un ideal que les rebasaba.

El conglomerado original de criollos que proclamaba el surgimiento de esa nueva monarquía y la estructura del poder para ellos, murió en el intento. La disolución del virreinato la consumaron los mismos españoles realistas o la nobleza peninsular (aquellos que combatieron los criollos). En tal usurpación del proyecto criollo se incluyó la jerarquía eclesiástica.

El surgimiento de una república sin real y auténtica vigencia se constituyó como una farsa, era una estructura estatal que nadie respetaba pero que todos disputaban su usufructo.

Corrompido el proyecto de la independencia desde su planteamiento original, fue todavía más envilecido y socavado por los que fueron sus iniciales enemigos, los nobles españoles defensores y representantes del imperio. Esta doble corrupción determinó un empobrecido o paupérrimo discurrir republicano, tanto los criollos independentistas como los usurpadores de su proyecto (nobles, militares y clérigos peninsulares) razonaron al estado y la política como siervos.

De tal forma que, el estado republicano surgió anclado a la mentalidad servil y por tanto a desenvolverse en una constante y permanente conducta pusilánime. Durante decenios la república quedó atenazada, sometida y subyugada al clero católico. La iglesia, el imperio eclesiástico católico, financió y administró al régimen. La riqueza era patrimonio clerical y en menor medida del sobreviviente ejército realista.

La celebración de la independencia, todo el jolgorio y el derroche o gasto monetario oculta la auténtica condición de los mexicanos: vivir engañados y sometidos, en la servidumbre de un régimen que no ha superado su raíz y herencia criolla, con la presencia vigilante del imperio eclesiástico católico celoso administrador de sus propiedades y censor de la servidumbre mental de sus vasallos.

@adolfoperez58

Anuncios