Reportero Asalariado/Diario del Istmo (II)

Reportero Asalariado/Diario del Istmo (II)

 “…¿Soy yo acaso el guardián de mi hermano?…” Génesis 4:9…Biblia de Jerusalem. Caín a Yahvé Elohim.

“…¡No disfracéis la Verdad de falsedad, ni ocultéis la Verdad conociéndola!…” Sura 2 Al-Baqarah, Aleya 42…El Corán. Bendito sea el Compasivo y Misericordioso.

Por Adolfo Roberto Pérez Valdés

En algún momento de la campaña electoral para la renovación de las 20 diputaciones locales uninominales durante 1980, los reporteros que diario cubríamos los recorridos de los candidatos del PRI en Coatzacoalcos, nos desplazabamos con la comitiva y avanzada de Roberto Ricardez Orueta y Edel Alvarez Peña.

Diario del Istmo no me daba ningún estipendio adicional a mi salario por esos desplazamientos. Normalmente nos llevaban en las bateas de las camionetas. Pero un día me tocó trasladarme con el licenciado Edel en un vehículo más cómodo. Recuerdo que Alvarez Peña me preguntó sobre mi experiencia o cómo me había interesado en el periodismo.

Le relaté que mi vocación por el periodismo se había iniciado en el bachillerato, cursando dichos estudios de enseñanza media del área de sociales en Bachilleres de Veracruz, un compañero apodado “El Coyote” nos alentó para hacer un periódico y rivalizar de esa manera con el Ilustre Instituto Veracruzano de Boca del Río. Tal periódico se llamó LA CIUDADELA y fue impreso en los talleres de la Facultad de Periodismo.

Edel me escuchaba con atención y preguntó sobre qué había escrito esa vez. Le mencioné haber realizado dos notas, una de corte local sobre las obras del ayuntamiento presidido por Juan Maldonado Pereda y otra de alcance internacional, basada en los artículos sobre la Guerra Civil de Angola tras su independencia de Portugal.

Los artículos los leía en El Heraldo, Excélsior y El Dictamen esos tres diarios se compraban en el seno familiar. Y ocasionalmente, por las noches y madrugadas sintonizaba en el radio receptor las emisiones de Radio Reloj desde la Habana. Creo que a Edel le llamó la atención mi relato, ya que me siguió interrogando sobre lo que pensaba de la Guerra de Angola.

La nación africana al poco tiempo del retiro de Portugal y la consecución de su independencia fue terreno de la disputa internacional de las potencias, la Unión Soviética por intermedio de Cuba destinó tropas caribeñas y destacamentos de médicos y alfabetizadores. Los norteamericanos y británicos refaccionaron a comandos de Sudáfrica para hacerse del control de la naciente Angola independizada del coloniaje portugués.

Yo le dije a Edel que consideraba indispensable consumar la pacificación de Angola, por mediación de la no intervención de las potencias. Lo cual asintió, “esa es la mejor postura” externaría el entonces directivo del sector popular de la CNOP priista.

DORMIR CON RAQUEL

Las jornadas y desplazamientos en la campaña electoral de 1980 para la renovación de la gubernatura y las 20 diputaciones locales me resultaron fatigantes, temprano me desayunaba en el domicilio austero compartido con la gente de talleres y el diagramador Gaspar, originario de Poza Rica y afecto al alcohol y tabaco.

Retornaba a la redacción por la tarde, comía los lonches de la campaña o en las recepciones de los candidatos. Todas las notas ahora debía reportarlas con el señor Siu, jefe de redacción. Con Gaspar establecí cierta amistad a pesar de su carácter hostil, me llevaba a una piquera que frecuentaba por las noches al terminar el diagramado de sus planas y yo mis notas.

Él pretendía conseguir en dicho antro pareja entre las sexo-servidoras concurrentes, no sé si consiguió con el tiempo consumar su propósito. Pero en dicha piquera conocí a una veracruzana o coterránea llamada Raquel, le interesó tratarme y me preguntaba por la ciudad natal. Ella habría derivado al sexo servicio por el orgullo de su físico y el pulular de los hombres, ya entonces charlando conmigo me diría que el orgullo había desaparecido.

Una de esas noches ocasionales que acompañaba a Gaspar, volví a coincidir con Raquel me reveló su lástima por Gaspar y su penoso caminar por una secuela de polio. “Pobrecillo” decía, “ojalá encuentre una mujer que le quiera”. A ella le preocupaba esa noche acompletarse para su renta le ofrecía, solidariamente como mi paisana, ese resto y le cumplí. “Tienes palabra, no pensé que hablaras en serio” me dijo.

Al despedirme para irme a dormir no me dejó: “No te vayas duerme conmigo”. Y con ella compartí esa sola noche, el único lecho acolchonado que tuve en Coatzacoalcos. Al día siguiente la campaña siguió su curso……Continúa.

@adolfoperez58

 

 

 

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