Al anochecer del último día de diciembre de 2002, un sorpresivo y catastrófico evento nos sorprendió a todos los veracruzanos. Más de 30 personas murieron en el crucero de las calles de Hidalgo y Juan Soto, confluencia de dos grandes mercados populares (el Hidalgo y el Unidad Veracruzana), decenas de puestos semifijos fueron arrasados por diversas explosiones productos del manejo inseguro e irresponsable de juegos pirotécnicos elaborados a base de pólvora.

A ciencia cierta cómo inició tan vasto y trágico incendio es aún desconocido. Vergonzosamente, las investigaciones posteriores dieron como resultado el encarcelamiento de una humilde vendedora de esa mercancía, mujer de edad avanzada que sería meses después liberada.

Es conocido por todos los que habitamos esta tetraheroica ciudad, que la zona de mercados populares le significa al ayuntamiento de Veracruz ingresos permanentes por los permisos para la vendimia.

Solo una lección aprendieron los vendedores y las autoridades que les auspician: NO VOLVER A VENDER JUEGOS PIROTÉCNICOS EN ESA ZONA. Sin embargo, sabemos que los accidentes y desgracias de esta naturaleza no ocurren por el mero riesgo de una mercancía peligrosa en sí.

Otra acción que posteriormente realizaron las autoridades fue reordenar y reubicar a decenas de comerciantes semifijos, las explosiones e incendio se dieron sobre las aceras y arroyo vehicular y de allí se esparció el siniestro a los inmuebles edificados en las manzanas. Comercios fijos con razones sociales y empleados remunerados.

Han pasado catorce años y la zona vuelve a estar rebosante de comerciantes semifijos que ofrecen mercancias de distintos giros, transitar por todas las calles de la zona de mercados populares es una PROEZA PEATONAL.

Ya como antecedente a la desgracia de 2002, cuyo saldo mortal en vidas humanas fue de mas de 30, tenemos el vastísimo siniestro de 1985 del mercado Unidad Veracruzana. Este incendio se verificó en la madrugada y la dimensión de sus daños materiales (no hubo pérdidas humanas) originó la reubicación de decenas de comerciantes y el surgimiento del mercado MALIBRÁN.

Sin embargo, la sensación de la recurrencia de un nuevo evento trágico permanece en la conciencia. Se corrobora este sentimiento ante el creciente hacinamiento y repoblamiento de esta área de mercados populares, observamos la creciente instalación de comercios semifijos sobre aceras y calles.

Y en ningún establecimiento es visible de medidas de seguridad como tener un EXTINTOR a la mano. Es de suponer, que cada uno de estos humildes comerciantes no tiene la menor instrucción para el manejo de estos artículos indispensables para contener el fuego.

Y todo este desorden, que surge del auspicio gubernamental por el afán de hacerse de recursos, tiene ramificaciones y vinculación con el caos vehicular, que existe en dicha área de mercados por la confluencia masiva de decenas de rutas de transporte colectivo. Muchas de las rutas del transporte persisten en el tránsito por esas calles. Esa zona también se ha distinguido por la muerte de peatones arrollados por los transportes.

A los que se agregan infinidades de autos de alquiler.

La solución y la salvaguarda o certeza que no se reediten tragedias como la de 2002 son acciones que NO PARECEN SER DEL INTERES DE AUTORIDADES MUNICIPALES NI ESTATALES.

Hoy en la esquina de Juan Soto e Hidalgo existe una placa montada en una cruz, en ella se leen los nombres de comerciantes y viadantes que murieron ese fatal día. Sus nombres son testigos potenciales de otro posible acontecimiento vergonzante.

@adolfoperez58

incrospido5@hotmail.com

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