Un ogro más de la Tetraheróica

Archivo mensual: abril 2016

EL INCIDENTE DE HAYMARKET SQUARE

CHICAGO, ILLINOIS

Mayo de 1886

 

Por Adolfo Roberto Pérez Valdés

 

Síntesis del libro CENTENARIO DE LOS SUCESOS EN CHIGAGO y consultas en la W. W. W.

 

La añeja máxima sindicalista: “ocho horas para el trabajo, ocho horas para recreación y ocho horas para el sueño”, era un extendido anhelo gremial de los obreros industriales europeos y americanos, fue la principal motivación que consolidó la reivindicación por la aprobación y legalización de la jornada laboral de las ocho horas.

 

Esta máxima conocida como “Ocho….Ocho….Ocho”, surgió del interés intelectual de Robert Owen, industrial y filántropo socialista inglés que consideraba como necesario acortar el tiempo de las jornadas diarias de los obreros, para que tuvieran suficiente reposo en restituir su desgaste físico en las instalaciones industriales. Robert Owen concibió la máxima en 1810 con la idea de “menos trabajo más reposo”.

 

En 1886 el presidente norteamericano Andrew Johnson dio vigencia a la Ley Ingersoll, misma que hacía efectiva la jornada laboral de ocho horas en las industrias. Sin embargo, su cumplimiento y respeto por los patrones era nulo.

 

El primero de mayo de 1886, las organizaciones obreras norteamericanas inician la huelga general, para respaldar el cumplimiento y vigencia de esa legislación federal de ocho horas de trabajo  en las instalaciones industriales.

 

Aunque la huelga se extendió a muchas ciudades, fue en Chicago donde el movimiento tuvo mayor eco. La razón es que allí residían los líderes con mayor compromiso por la causa de las ocho horas.

 

Previamente en 1884, trece sindicatos de Chicago decidieron separarse de la Federación de Sindicatos Organizados de Estados Unidos y Canadá fundando una nueva central. Su meta era la conquista de una legislación federal que fijara la jornada de trabajo de ocho horas diarias. En ese entonces las jornadas eran hasta de catorce horas continuas e incluían tanto hombres, mujeres y niños.

 

Albert Parsons, August Spies, Samuel Fielden, Michael Schwab, Adolph Fischer, George Engel, Louis Lingg y Oscar Neebe los dirigentes de esa nueva Central Obrera de Chicago acuerdan con agrupaciones similares de otras ciudades la convocatoria a la huelga general el primero de mayo de 1886. La convocatoria original se extiende a más sectores y gremios y pronto el movimiento tiene repercusiones inusitadas. Los patrones industriales preocupados conciben un plan represor sobre todo en Chicago.

 

De esta forma, durante una concentración el cuatro de mayo en la plaza Haymarket de esa ciudad, alguien lanza un explosivo a la multitud, al estallar se origina una estampida y caos, al momento la policía abre fuego a la multitud, el saldo once personas muertas (cuatro trabajadores y siete policías), y una gran cantidad de heridos.

 

Los mártires de Chicago

 

De inmediato, se abre un proceso penal en contra de los dirigentes obreros por conspiración. El resultado del juicio es la sentencia a muerte por ahorcamiento para Parsons, Spies, Fischer y Engel siendo ejecutados el once de noviembre de 1887. Neebe es sentenciado a quince años de prisión, Schawb y Fielden reciben cadena perpetua, Lingg se suicida en prisión.

 

En 1892, seis años después de las ejecuciones el nuevo gobernador del Estado de Illinois, JP Altgeld indulta a los dirigentes aun presos. El mismo año en memoria de los cuatro ejecutados (Albert Parsons, August Spies, Adolph Fischer, George Engel) los trabajadores construyen un obelisco ante sus tumbas en el cementerio Waldhein de Chicago.

 

Conmemorar el Primero de mayo es un acuerdo adoptado en 1889 en la ciudad de París, durante el desarrollo del Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional de los Trabajadores, también conocida como Internacional Socialista.

 

Transcurridos 49 años desde el movimiento de huelga de 1886, finalmente en 1935, casi medio siglo después, el presidente Franklin D. Roosevelt hace efectiva la legislación federal de la jornada de ocho diarias en los Estados Unidos.

 

Sin embargo, el repudio cultural de los industriales y gobernantes hacia la gesta sindical por las ocho horas aún permanece en Norteamérica y Canadá. En ambas naciones, no es conmemorativo el Primero de Mayo como Día del Trabajo, ni se tributa la memoria de los Mártires de Chicago en esa misma fecha.

 

 

Libro consultado: CENTENARIO DE LOS SUCESOS DE CHIGAGO 1886-1986, autora Svetlana Askóldova, Doctora en Historia del Instituto de Relaciones Internacionales de Moscú, Editorial de la Agencia de Prensa Nóvosti, Moscú, 1986. 110 páginas. Traductora Liudmila Roschina.