Un ogro más de la Tetraheróica

Archivo mensual: noviembre 2011

DE CÓMO ME EMPADRONÉ PARA VOTAR.

En 1976 al cumplir los 18 años, siendo ya mayor de edad decidí empadronarme como votante. Deseaba participar como elector, ejercer mis derechos ciudadanos y sufragar. Poco o nada sabía de los procesos fraudulentos que se daban en las elecciones fueran municipales, estatales o federales. Aún recuerdo los comentarios y versiones del imponente fraude con que fue impuesto en la alcaldía de Veracruz, Juan Maldonado Pereda, el real candidato triunfante fue el Ing. Piña (no recuerdo su nombre completo) postulado por el Partido de Acción Nacional-PAN. Pero poco a poco inicié mis conocimientos acerca de como el Gobierno instrumentaba todo su aparato del fraude, construido en décadas de sometimiento de la oposición y del deseo y esperanza de cambio político de millones de mexicanos.

Como dije, acudí a empadronarme ante el Registro Federal de Electores dependiente entonces de la Secretaría de Gobernación para solicitar mi inscripción como elector. En dicha época no existia la actual Foto credencial para votar, ni tampoco el Instituto Federal Electoral-IFE. Recibí mi tarjeta de elector, era un simple papel color verde pálido con los datos que había proporcionado (creo que llevé mi acta de nacimiento), parecido en tamaño a un recibo de honorarios. Dicha tarjeta no tenía fotos.

Tuve interés también en conocer la llamada LEY FEDERAL ELECTORAL, sobre todo a partir de los artículos de Heberto Castillo Martínez que leía en las contra portadas de la revista semanal LOS AGACHADOS impresa por Editorial Posadas, en dichos artículos Heberto refería a dicha legislación por el propósito del Partido Mexicano de los Trabajadores-PMT de alcanzar su registro como tal.

Tuve la oportunidad de conseguir tal ley a través del licenciado Alberto Huerdo Aguirre, quien fue mi maestro de Filosofía en el bachillerato. Dicho profesor fue durante su trayectoria política un funcionario de cierto rango dentro del comité directivo municipal en Veracruz del Partido Revolucionario Institucional-PRI, años después el licenciado Huerdo sería hallado muerto dentro de su carro a un lado del Palacio Federal precisamente en la calle de Ocampo entre Cinco de Mayo y Madero. Dicho hallazgo se dió durante una mañana muy temprano, el licenciado Huerdo habría muerto en las instalaciones de un  motel y llevado a ese lugar por su “acompañante” y dejado sentado en el asiento del copiloto con sus prendas interiores en las bolsas del pantalón.

En dicho ejemplar, una edición del propio PRI de la citada ley electoral, se reproducían los argumentos o intervenciones en el debate acerca de las impugnaciones de los partidos de oposición con presencia entonces en la Cámara de Diputados Federales. Dichas impugnaciones se referían al desacuerdo de los opositores al PRI de que este partido usara en su logotipo los colores de la bandera nacional, en el mismo orden que el lábaro patrio. El PRI sigue haciendo uso de dichos colores dentro de un marco gris, anteriormente dicho marco gris no lo tenía. De esa misma época data la impugnación a la tarjeta para votar. Debieron pasar más de 20 años para que finalmente, se hiciera realidad la petición de la oposición. La desaparición de la tarjeta para votar hecha en papel se dio en el gobierno de López Portillo, cuando se sustituyó por una mica o tarjeta plástica bicolor sin foto. Era una tarjeta plástica del tamaño de la actual foto credencial. Pero no tenía foto y sus colores eran blanco y café pálido. Al reverso venia la firma de Enrique Olivares Santana, segundo secretario de Gobernación de la administración de López Portillo. Luego dicha tarjeta para votar fue cambiada en el sexenio de Miguel De la Madrid por otra con colores diferentes, era blanca con vivos naranja y al reverso un cuadro negro destinado a una foto. Pero aún no se incorporaba la foto a la tarjeta. Muchos votantes con iniciativa le pegaban una foto tamaño infantil en ese espacio. Pero el sistema de fraude electoral seguía prevaleciendo.

¿Cómo? Desde la integración del padrón electoral hasta la instalación de las casillas de votación. Todo ese entramado seguía en manos de la Secretaria de Gobernación.