¿Y las mujeres?

Publicado el 14 de mayo de 1999 en el Diario POLÍTICA…..Columna colectiva de la primera plana..titulada LOS POLÍTICOS

¿Quién fué la primera mujer en participar en un proceso electoral para la presidencia de la República?
Doña Rosario Ibarra de Piedra, en esa primera campaña fue postulada por el Partido Revolucionario de las y los Trabajadores, PRT. Existe un libro titulado DOMINGO 7 escrito por Elena Poniatowska, en el que se recogen las entrevistas de los candidatos de aquella disputa para elegir al presidente de 1982 a 1988.
Doña Rosario compitió esa vez contra Miguel de la Madrid Hurtado, Pablo Emilio Madero, Ignacio González Gollaz y Arnolfo Martíinez Verdugo. La campaña por la presidencia permitió al PRT obtener su registro por primera vez. Rosario contaba con el prestigio (aún lo tiene) de encarar a los presidentes para demandarles cuentas de la integridad fìsica de decenas de desaparecidos políticos, entre ellos su hijo Jesús Piedra Ibarra.
Tanto Luis Echeverría Alvarez como José López Portillo y Pacheco fueron cuestionados en la vía pública por Doña Rosario, y es que las preguntas sólo podían hacerse en ese contexto por la negativa de ambos presidentes de darle audiencia a la organización que presidia la futura candidata.
Doña Rosario no ganó la elección del 82 pero inauguró la presencia femenina en las campañas por la presidencia. El voto femenino o de género no le favoreció, a pesar de ser la única mujer postulada. Miguel de la Madrìd Hurtado contó con un manejo publicitario avasallador. Y además tenía la ventaja (entre otras) de ser el candidato más joven de esa elección. Ya en la presidencia De la Madrid demostraría su poca autoridad para controlar a los grupos de poder que clamaban la desarticulación del vetusto régimen federal.
En 1988, en medio de la fractura política del PRI, surge nuevamente la candidatura de Doña Rosario, otra vez postulada por el PRT. Sin embargo, esta vez disputaría la presidencia con otra mujer; Maravilla Carrasco, quien era postulada por el Partido Laboral Mexicano, sin registro.
Las dos perderían la elección ante el usurpador (Carlos Salinas de Gortari), el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas y Manuel J. Clouthier. No obstante, la brecha estaba abierta. En 1994, nuevamente dos mujeres volverían a ser candidatas: Cecilia Soto por el Partido del Trabajo y Marcela Lombardo Otero por el Popular Socialista. Sus campañas fueron pobres e invariablemente se dedicaban a denostar el trabajo electoral del ingeniero Cárdenas. Ninguna de las dos alcanzaría el éxito electoral y ganar la presidencia.
Pero hoy, en el fragor de las aspiraciones por alcanzar la nominación de los partidos por la campaña presidencial del 2000, es visible que la brecha abierta por Doña Rosario ha sido cerrada. No hay la menor noticia de que las féminas vayan a buscar y obtener una postulación. En ese sentido las opciones son miserables y se cumple la sentencia de Fernández de Cevallos: el viejerío está para la casa. Qué pena.

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